La Magia existe y la Ciencia lo confirma

Introducción

¿Por qué creemos en la magia? Aunque muchas veces pensamos que lo inexplicable es algo sobrenatural, la ciencia ha demostrado que nuestra mente tiende a interpretar la realidad de formas que no siempre son objetivas. Lo que parece magia suele tener una explicación en cómo percibimos, pensamos y construimos nuestras creencias.

Hace unos días tuve el magnífico placer de asistir a dos eventos científicos de alto nivel conducidos, ambos, por un peculiar presentador. El primero de los eventos, el IND+I day, organizado por la comunidad IND+I y el Ayuntamiento de Viladecans, versó sobre la Industria regenerativa como herramienta que busca contribuir positivamente a la economía y a su entorno, promoviendo la restauración y la regeneración de los recursos naturales y de la sociedad. El segundo evento, el AI Summit 2024, organizado por Ametic, es el evento de referencia de la Inteligencia Artificial en España y el foro en el que se dan a conocer los retos y oportunidades que presenta la Inteligencia Artificial, así como sus nuevas estrategias de actuación o su regulación.

En ambos eventos, un mismo presentador, un prestigioso mago, Jorge Luengo, campeón del mundo de magia en 2009, quien cuenta con un brillante currículo, en el que llama la atención sus tres ingenierías y sus estudios en psicología y neuropsicología. No es de extrañar que sea uno de los mejores magos del mundo.

Tras asistir a ambos eventos y disfrutar de la maravillosa conducción del mago Luengo, no pude sino reflexionar acerca de la conexión magia-ciencia.

Desde tiempos ancestrales, la magia ha cautivado a la humanidad a través de mitos y rituales.

La palabra «magia» proviene del griego magos, una palabra que originalmente describía a los sacerdotes persas capaces de realizar rituales que parecían desafiar la explicación natural. Con el tiempo, la palabra evolucionó para englobar un espectro más amplio de actividades que desafiaban la comprensión ordinaria, cruzando la frontera de lo sobrenatural.

En este sentido, la magia siempre ha estado entrelazada con el conocimiento, específicamente con un tipo de conocimiento que se sitúa más allá de lo ordinario, en los márgenes de lo comprensible.

En el mundo actual donde la tecnología roza los límites de lo mágico, la relación entre la magia y la ciencia moderna se torna tan fascinante como esclarecedora.

Más allá de su tradicional envoltura de misterio, la magia se revela como un prisma a través del cual podemos explorar y entender profundamente los mecanismos de la mente humana.

La magia, en el discurso filosófico, actúa como una metáfora potente para el proceso de revelación y ocultamiento que caracteriza nuestra interacción con el mundo. Al igual que un truco de magia que deslumbra y engaña, nuestra percepción de la realidad está mediada por las limitaciones de nuestros sentidos y nuestras capacidades cognitivas.

Aquí, la magia se convierte en una herramienta para cuestionar la veracidad y los límites de nuestro conocimiento, jugando con nuestra percepción de lo que es real.

La ciencia moderna, con sus herramientas de investigación neurocientífica, psicológica y tecnológica, ha comenzado a descifrar cómo y por qué la magia afecta al cerebro humano de maneras tan profundas, confirmando que la magia no solo existe en nuestros sentidos, sino como una manifestación crucial de nuestra percepción y cognición.

El estudio científico de la magia, especialmente en campos como la neurociencia y la psicología, confirma que la magia es una parte integral de la experiencia humana. Al estudiar cómo los trucos mágicos afectan nuestro cerebro, los científicos están descubriendo que la magia aprovecha mecanismos neurales fundamentales que gobiernan la atención, la percepción y la memoria. Estos descubrimientos no solo iluminan cómo somos engañados, sino también cómo construimos nuestra realidad continuamente.

Ye s que la magia, tradicionalmente vista como un arte del engaño y la ilusión, tiene sorprendentes conexiones con las disciplinas científicas, incluyendo la neurociencia, la psicología del comportamiento, y la tecnología avanzada como la inteligencia artificial (IA) y la computación cuántica.

Neurociencias por arte de magia

La intersección de la neurociencia y la magia ofrece una ventana fascinante hacia la comprensión del cerebro humano.

A través del análisis de trucos de magia y su impacto en la percepción y cognición, los neurocientíficos pueden descubrir cómo nuestros cerebros interpretan la realidad.

Uno de los fundamentos de la magia es la manipulación de la atención. Los magos habilidosos dirigen la atención de su audiencia lejos de sus métodos secretos.

Un estudio clave en este campo, realizado por Kuhn y Tatler1, reveló que los magos expertos utilizan diversas técnicas de distracción para manipular dónde y cómo los espectadores enfocan su atención. Este fenómeno se denomina «ceguera por inatención», donde cambios significativos en el campo visual pueden pasar desapercibidos si la atención está enfocada en otra parte.

En el caso de nuestro referente, Jorge Luengo, contamos con un ejemplo notable. Se trata de su truco de lectura mental, donde parece adivinar información secreta de los espectadores. Este truco utiliza técnicas de «lectura en frío»2 y sugestiones sutiles que influyen en cómo los espectadores procesan información y toman decisiones, lo cual ha sido objeto de estudio en la neurociencia para entender cómo la información es filtrada y procesada por el cerebro bajo condiciones de manipulación.

El método de la “lectura en frío” implica recoger pistas verbales y no verbales que los espectadores proporcionan, a menudo sin darse cuenta. Estas pistas pueden incluir el lenguaje corporal, las reacciones emocionales, o incluso pequeños comentarios hechos al pasar. Luengo utiliza esta información para hacer afirmaciones que parecen revelar detalles íntimos de los espectadores, dando la impresión de que posee habilidades telepáticas.

Desde un punto de vista neurocientífico, la lectura en frío explota la tendencia humana a buscar patrones y conexiones, incluso cuando no son explícitas. Este fenómeno, conocido como apofenia, es una faceta de la cognición humana que los magos manipulan para crear ilusiones de conocimiento profundo.

La magia también explora cómo la memoria puede ser engañada.

Un estudio de Thomas, Didierjean, y Maquestiaux3 investigó cómo los espectadores recuerdan los trucos de magia, encontrando que a menudo los recuerdos de los trucos son distorsionados.

 

Este tipo de estudios ayuda a entender cómo la memoria no es un registro exacto de lo que ocurre, sino que puede ser moldeada y manipulada, un concepto crucial tanto en la neurociencia como en la magia.

Las ilusiones visuales son otro pilar común tanto en la magia como en la neurociencia. Estudios como el de Rensink y Kuhn4 demuestran que las ilusiones visuales pueden revelar aspectos fundamentales sobre cómo nuestros cerebros interpretan la información visual. Las ilusiones no solo engañan al ojo, sino que también revelan cómo el cerebro construye la realidad a partir de la información sensorial incompleta.

El estudio de la magia a través de la lente de la neurociencia proporciona perspectivas únicas sobre la cognición humana.

Magos como Jorge Luengo no solo entretienen, sino que también, quizás sin saberlo, enseñan lecciones valiosas sobre cómo funciona nuestro cerebro.

Al entender cómo y por qué somos susceptibles a las ilusiones y los trucos mágicos, podemos aprender mucho sobre los mecanismos subyacentes de la percepción y la memoria humanas.

En última instancia, la magia y la neurociencia se complementan, proporcionando tanto entretenimiento como educación, mientras desentrañan los misterios de la mente humana.

 

Nada por aquí, nada por allá

La atención es un recurso cognitivo limitado y selectivo.

Los magos aprovechan esta limitación al dirigir la atención del público hacia o alejándola de acciones específicas o detalles.

Un concepto clave aquí es la «ceguera por inatención», donde los individuos no perciben estímulos obvios en su campo visual cuando su atención está enfocada en otro lugar.

Este fenómeno fue estudiado por Simons y Chabris5 en su famoso experimento del «gorila invisible», donde los participantes que contaban pases de balón entre jugadores no notaron a una persona disfrazada de gorila que cruzaba la pantalla.

Otro concepto clave es la percepción. La percepción es el proceso por el cual nuestro cerebro interpreta los estímulos sensoriales del entorno.

Los magos crean ilusiones que alteran esta interpretación, haciendo que el cerebro llene los vacíos o malinterprete lo que los sentidos están detectando.

Un estudio por Rensink, O’Regan y Clark6 introdujo el término «cambio de ceguera», donde los cambios significativos en una visual no son percibidos por el observador si estos cambios ocurren durante un movimiento ocular o una distracción visual.

El estudio de la magia proporciona una metodología única para examinar cómo la atención y la percepción pueden ser manipuladas.

Kuhn y sus colegas7 han utilizado trucos de magia para explorar cómo las expectativas y la experiencia previa afectan lo que vemos. Sus investigaciones demuestran que los magos, al manipular la atención y la percepción, pueden revelar cómo estos procesos no son pasivos, sino activamente construidos por el cerebro.

También es importante entender que el lenguaje no verbal es fundamental en el acto mágico. Los magos utilizan gestos, miradas y movimientos corporales para dirigir o desviar la atención del público, creando un diálogo silencioso pero poderoso con los espectadores.

Este aspecto de la magia es crucial porque la comunicación no verbal puede influir y manipular la percepción más sutilmente que las palabras. Estos gestos no sólo acompañan al truco, sino que a menudo son el truco mismo, esenciales para el éxito de la ilusión.

El entendimiento de cómo la atención y la percepción pueden ser manipuladas tiene aplicaciones que van más allá del escenario mágico.

En la psicología clínica, estas investigaciones pueden mejorar nuestro entendimiento de trastornos cognitivos como el TDAH o la esquizofrenia, donde la atención y la percepción están a menudo comprometidas.

Además, en el diseño de interfaces usuario-computadora, los principios de atención selectiva pueden mejorar la usabilidad y la experiencia del usuario al dirigir la atención de manera más efectiva.

La magia ofrece más que entretenimiento. La magia proporciona un campo de pruebas para la neurociencia, permitiendo a los investigadores explorar los fundamentos de la atención y la percepción humana.

Estas investigaciones no solo amplían nuestro entendimiento del cerebro, sino que también aplican este conocimiento en maneras que pueden mejorar nuestra interacción con el mundo tecnológico y ayudar en el tratamiento de condiciones neurológicas.

Abracadabra, que reaparezca tu memoria

La magia no solo captura la atención y distorsiona la percepción, también juega con nuestra memoria de maneras profundas y a menudo sorprendentes.

La relación entre la memoria y la magia proporciona un campo fascinante para los neurocientíficos, quienes exploran cómo los recuerdos pueden ser manipulados, alterados, o incluso creados de la nada. Al comprender cómo los magos explotan la memoria, podemos descubrir más sobre su naturaleza elástica y, a veces, engañosa.

Los magos a menudo utilizan técnicas que dependen de la manipulación de la memoria del espectador.

Una técnica común es la «forzación», donde el mago hace que el espectador elija una opción específica que parece haber sido libre pero que, en realidad, ha sido predeterminada por el mago. Esto no solo implica un engaño perceptivo, sino también una manipulación de la memoria, ya que el espectador recordará haber hecho una elección libre, no influenciada.

Otro aspecto intrigante es el uso de la sugestión para implantar recuerdos falsos. Durante un truco, los magos a menudo sugieren sutilmente detalles que pueden alterar cómo un espectador recuerda un evento. Esto puede llevar a lo que se conoce como «memoria implantada», donde los espectadores creen recordar algo que nunca sucedió.

En el estudio de la memoria, los trucos de magia proporcionan una herramienta única para examinar cómo se forman, almacenan y recuperan los recuerdos.

Un estudio relevante por Loftus y Pickrell8 sobre la formación de recuerdos falsos, aunque no directamente relacionado con la magia, ilustra los principios que los magos aplican intuitivamente. Este estudio mostró cómo es posible implantar recuerdos ficticios en la mente de las personas a través de sugerencias sutiles, una técnica similar a la empleada en ciertos trucos mágicos.

El estudio de cómo la magia afecta la memoria tiene implicaciones importantes para la neurociencia. Por ejemplo, entender cómo se pueden crear o modificar recuerdos a través de la magia puede ayudarnos a entender las vulnerabilidades de la memoria humana. Esta investigación tiene aplicaciones potenciales en el tratamiento de trastornos de la memoria, como el PTSD, donde los recuerdos traumáticos pueden ser modificados o atenuados.

Más allá de la neurociencia, el estudio de la memoria en el contexto de la magia tiene aplicaciones en campos como la psicología forense, donde la fiabilidad de los testimonios de los testigos puede ser cuestionada basándose en su susceptibilidad a la manipulación de la memoria.

También tiene relevancia en la educación y la publicidad, donde la comprensión de cómo se forman y manipulan los recuerdos puede mejorar las técnicas de enseñanza y marketing.

En resumen, la magia ofrece un portal único a través del cual podemos explorar la complejidad de la memoria humana.

Al estudiar cómo los magos manipulan nuestros recuerdos, los neurocientíficos pueden desentrañar no solo los misterios de la mente, sino también desarrollar técnicas para mejorar nuestra capacidad de manejar recuerdos en contextos clínicos y cotidianos.

Ahora me ves, ahora no me ves. El arte de la ilusión

Las ilusiones visuales son herramientas poderosas en la magia, pero también son fundamentales en la investigación neurocientífica.

Las ilusiones no solo engañan a los ojos, sino que revelan cómo nuestro cerebro procesa la información visual, interpretando y a menudo reinterpretando la realidad.

La neurociencia utiliza ilusiones visuales para estudiar la percepción, la atención, y la consciencia, proporcionando conocimiento sobre cómo el cerebro construye nuestra experiencia visual del mundo.

Las ilusiones visuales explotan las discrepancias entre la realidad física y la percepción visual.

ilusión de Müller-Lyer

Un ejemplo clásico es la «ilusión de Müller-Lyer», donde líneas de igual longitud parecen ser de diferentes tamaños debido a la orientación de las flechas en sus extremos.

Estas ilusiones demuestran que la percepción visual no es simplemente un reflejo directo del mundo externo, sino una interpretación activa que el cerebro construye basándose en información sensorial e inferencias.

El estudio de las ilusiones visuales ha ayudado a los neurocientíficos a identificar áreas específicas del cerebro involucradas en la percepción visual.

Diversas investigaciones han mostrado que la corteza visual primaria, ubicada en la parte posterior del cerebro, es crucial para procesar los detalles visuales, mientras que áreas como el lóbulo parietal y el lóbulo frontal están involucradas en la interpretación de esa información y en la atención.

Un estudio por Rensink, O’Regan y Clark9 destacó cómo la atención es necesaria para detectar cambios en escenas visuales, una observación crucial para entender la «ceguera al cambio», una forma de ilusión donde cambios significativos en una escena no son notados si no se está prestando atención directa.

Muchas ilusiones visuales operan bajo el principio de procesamiento «top-down», donde las expectativas, el conocimiento previo, y la experiencia influyen en cómo interpretamos estímulos visuales.

Este fenómeno sugiere que nuestra percepción es un diálogo entre lo que vemos y lo que ya sabemos o esperamos ver. Esta interacción entre procesamiento «bottom-up» (desde los estímulos sensoriales hacia el cerebro) y «top-down» (desde el cerebro a los estímulos sensoriales) es central para entender cómo operan las ilusiones visuales.

Comprender cómo el cerebro procesa las ilusiones visuales tiene importantes implicaciones clínicas. Por ejemplo, el estudio de estas ilusiones puede ayudar a diagnosticar y tratar trastornos visuales y neurológicos.

Además, en el campo del diseño de interfaces de usuario y la realidad virtual, la comprensión de cómo el cerebro responde a las ilusiones visuales puede mejorar la eficacia y la usabilidad de las tecnologías visuales.

En resumen, las ilusiones visuales no solo son una piedra angular de la magia, sino también una ventana valiosa a la función cerebral.

A través del estudio de estas ilusiones, los neurocientíficos pueden desentrañar los complejos mecanismos del cerebro que dictan nuestra experiencia visual del mundo.

Al revelar las limitaciones y capacidades de nuestro sistema visual, las ilusiones visuales nos enseñan sobre la naturaleza de la percepción y cómo nuestra mente moldea activamente nuestra realidad.

¿Por qué creemos en la magia?

La creencia en la magia no es un error del ser humano. Es, en realidad, una consecuencia directa de cómo está diseñado nuestro cerebro. No creemos en la magia a pesar de ser racionales; creemos en la magia porque nuestro sistema cognitivo está optimizado para sobrevivir, no para interpretar la realidad con precisión absoluta.

Uno de los pilares fundamentales para entender este fenómeno es el concepto de detección de agencia, ampliamente estudiado en psicología evolutiva. Investigadores como Justin L. Barrett han demostrado que los humanos poseemos un sistema cognitivo hiperactivo que tiende a atribuir intención y propósito incluso cuando no los hay. Este mecanismo, conocido como Hyperactive Agency Detection Device (HADD), fue adaptativo: era más seguro asumir que un ruido en la maleza era un depredador que ignorarlo.

El problema es que este sistema no se desactiva en contextos modernos. Por eso vemos patrones donde no los hay, intenciones en eventos aleatorios y, en última instancia, “magia” en fenómenos perfectamente explicables.

Este sesgo se conecta directamente con otro fenómeno ampliamente documentado: la apofenia, término popularizado por el neurólogo Klaus Conrad, que describe la tendencia humana a percibir conexiones significativas en datos aleatorios. Desde ver caras en las nubes hasta interpretar coincidencias como “señales”, nuestro cerebro está constantemente construyendo significado.

A esto se suma el papel crucial del sistema dopaminérgico. Estudios como los de Peter Brugger han mostrado que niveles elevados de dopamina aumentan la probabilidad de detectar patrones inexistentes. En términos simples: cuanto más activo está este sistema, más “mágico” parece el mundo.

Pero hay un tercer elemento aún más determinante: la necesidad de control.

El ser humano tiene una aversión profunda a la incertidumbre. Investigaciones clásicas como las de Ellen Langer demostraron que las personas tienden a sobreestimar su capacidad de influir en eventos aleatorios. Este fenómeno, conocido como la ilusión de control, es el terreno perfecto para la magia: rituales, amuletos, supersticiones… todos ofrecen una sensación de influencia en un mundo impredecible.

De hecho, en situaciones de estrés o falta de control, la creencia en lo mágico no disminuye: aumenta. Estudios en contextos de guerra, crisis económicas o incertidumbre vital muestran un incremento significativo en supersticiones y creencias paranormales.

Desde un punto de vista neurocognitivo, esto tiene sentido. El cerebro prefiere una explicación incorrecta antes que ninguna explicación. Como señala Michael Shermer en su obra The Believing Brain, “el cerebro es una máquina de creer que luego justifica racionalmente esas creencias”.

Además, la magia se apoya en limitaciones muy concretas de nuestra percepción. Investigaciones de Gustav Kuhn han demostrado que los ilusionistas explotan sistemáticamente fallos en la atención, la memoria y la percepción para crear efectos que el cerebro interpreta como imposibles.

Es decir, no es que la magia exista. Es que nuestro cerebro está diseñado para que pueda parecer que existe.

Podríamos resumirlo con una metáfora sencilla: el cerebro no es una cámara que registra la realidad, es un editor que construye una historia coherente con la información disponible. Y cuando la información es incompleta o ambigua, rellena los huecos con lo que tiene: patrones, intenciones y significado.

Ahí nace la magia.

La explicación científica detrás de lo que parece magia

Una vez entendemos por qué creemos en la magia, la siguiente pregunta es inevitable: ¿qué está ocurriendo realmente cuando algo nos parece mágico?

La respuesta no está en lo sobrenatural, sino en la interacción entre tres sistemas: percepción, atención y memoria.

El primero de ellos es la percepción, que dista mucho de ser un reflejo fiel de la realidad. Como demostró el premio Nobel Daniel Kahneman, nuestro cerebro opera mediante dos sistemas: uno rápido, automático e intuitivo (Sistema 1) y otro lento y analítico (Sistema 2). La mayoría de las experiencias “mágicas” ocurren cuando el Sistema 1 domina y construye una interpretación sin verificación posterior.

Los ilusionistas, por ejemplo, trabajan directamente sobre este sistema. No engañan a los ojos; engañan a la interpretación que hace el cerebro de lo que ve. Aquí entra en juego un fenómeno clave, el de la ceguera por falta de atención (inattentional blindness), estudiado por Christopher Chabris y Daniel Simons. Su famoso experimento del “gorila invisible” demostró que podemos no ver algo evidente si nuestra atención está dirigida a otra tarea. La magia explota exactamente este principio y dirige tu atención a un punto mientras el truco ocurre en otro.

El segundo sistema implicado es la memoria, que tampoco es un registro exacto de los hechos. La memoria es reconstructiva, no reproductiva. Investigaciones de Elizabeth Loftus han demostrado que nuestros recuerdos pueden ser alterados, distorsionados o incluso completamente falsos. Esto significa que, después de presenciar algo “mágico”, no solo lo interpretamos mal en el momento, sino que además lo recordamos de forma aún más distorsionada. El efecto se amplifica con el tiempo, reforzando la sensación de haber vivido algo inexplicable.

El tercer elemento es la predicción cerebral. El cerebro funciona como una máquina predictiva, tal como proponen teorías modernas como el predictive processing, defendido por autores como Andy Clark. En lugar de reaccionar pasivamente a los estímulos, el cerebro genera constantemente hipótesis sobre lo que va a ocurrir. Cuando la realidad viola esas predicciones de forma inesperada, se produce una sensación de sorpresa intensa. Si además no encontramos una explicación rápida, etiquetamos la experiencia como “mágica”. En otras palabras, la magia ocurre cuando el cerebro falla en su predicción y no logra corregirse a tiempo. Esto explica por qué los trucos de magia más efectivos son aquellos que rompen expectativas profundamente arraigadas, como la continuidad de los objetos o la causalidad física.

Pero hay aún un componente más profundo, la llamada economía cognitiva. El cerebro busca constantemente minimizar el esfuerzo. Aceptar una explicación “mágica” puede ser, en muchos casos, más eficiente que analizar detalladamente lo ocurrido. Este principio está alineado con lo que Herbert A. Simon denominó racionalidad limitada: tomamos decisiones suficientemente buenas, no óptimas. Desde esta perspectiva, la magia no es un fallo, sino un atajo. Un atajo que, en la mayoría de los contextos cotidianos, funciona perfectamente, pero que en situaciones específicas puede hacernos percibir lo imposible como real.

Si unimos todos estos elementos, la conclusión es clara, lo que llamamos magia es el resultado de una serie de limitaciones y estrategias adaptativas del cerebro humano.

No vemos la realidad tal como es, lo que vemos es una versión optimizada para sobrevivir, no para comprender. Y en esa versión, cuando los mecanismos fallan o son explotados, por un ilusionista, por el azar o por nuestras propias creencias, aparece algo que interpretamos como extraordinario, pero no lo es, es simplemente el cerebro haciendo lo que mejor sabe hacer: construir sentido, incluso cuando no lo hay.

Conclusión

Concluir que » La Magia existe y la Ciencia lo confirma » es reconocer que la magia es una forma de comunicación universal que transcurre más allá de las palabras.

La magia es un diálogo de gestos, de pausas y de miradas que hablan directamente al cerebro emocional y cognitivo.

Al explorar los misterios de la magia a través de sus dimensiones etimológica, filosófica y no verbal, redescubrimos la capacidad humana para maravillarse y para reinterpretar el mundo.

La magia, entonces, se convierte en una celebración de lo posible, una invitación perpetua a explorar los límites de nuestra percepción y a vivir maravillados por el eterno misterio de la existencia.

Segunda conclusión

Y no puedo terminar este artículo sin enlazarlo con mi arranque, LA EXPERIENCIA VIVIDA VIENDO AL gran Jorge Luengo en acción.

Como científico disfruté enormemente tratando de entender cómo ese genio logra impactar en la mente de las personas que, atónitos, asistimos a su espectáculo.

Como espectador, me dejé llevar por la locura y el ingenio sin igual que sólo espera un truco más, uno más, para seguir disfrutando de semejante obra de arte.

Si algo puedo decir con certeza después de este largo estudio que aquí presento es que, querido lector, si tienes oportunidad de asistir a un evento en el que actúe Jorge Luengo, no lo dudes, vas a disfrutar como nunca lo has hecho. Es sinceramente magistral.

Yo estoy ya anotando en mi agenda sus próximas giras para poder seguir disfrutando y estudiando en vivo para seguir creciendo profesionalmente, científicamente y, de paso, disfrutando de la magia, real, que este maestro es capaz de llevar a cabo.

Referencias

1. Kuhn, G., & Tatler, B. W. (2005). Magic and fixation: Now you see it, now you don’t. Psychology of Magic and Eye Movements, 12(3), 14-18.

2. Luengo, J. (2018). Supertrucos mentales para la vida diaria: Descubre de lo que eres capaz. Temas de Hoy. https://amzn.eu/d/c15YMzy

3. Thomas, C., Didierjean, A., & Maquestiaux, F. (2016). How magicians distort our memory of their tricks. Journal of Experimental Psychology: General, 145(10), 1398-1407.

4. Rensink, R. A., & Kuhn, G. (2015). The possibility of a science of magic. Frontiers in Psychology, 6, 1508.

5. Simons, D. J., & Chabris, C. F. (1999). Gorillas in our midst: Sustained inattentional blindness for dynamic events. Perception, 28, 1059-1074.

6. Rensink, R. A., O’Regan, J. K., & Clark, J. J. (1997). To see or not to see: The need for attention to perceive changes in scenes. Psychological Science, 8(5), 368-373.

7. Kuhn, G., Amlani, A. A., & Rensink, R. A. (2008). Towards a science of magic. Trends in Cognitive Sciences, 12(9), 349-354.

8. Loftus, E. F., & Pickrell, J. E. (1995). The formation of false memories. Psychiatric Annals, 25(12), 720-725.

9. Rensink, R. A., O’Regan, J. K., & Clark, J. J. (1997). To see or not to see: The need for attention to perceive changes in scenes. Psychological Science, 8(5), 368-373

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